En abril, legisladores de Maine aprobaron un proyecto de ley que habría creado la primera moratoria estatal sobre centros de datos en Estados Unidos.
Aunque posteriormente la gobernadora Janet Mills vetó la medida, la propuesta refleja un debate nacional cada vez más intenso sobre cómo y dónde deberían construirse estas instalaciones.
En el norte de Nevada, esa conversación ya está en marcha.
La construcción del Keystone Data Center en Reno comenzó en noviembre de 2025, acercando las discusiones sobre grandes proyectos de desarrollo a vecindarios residenciales.
A medida que se proponen más proyectos en toda la región, la atención se ha desplazado hacia la regulación y los impactos a largo plazo.
Manny Becerra, cofundador del Truckee Meadows Data Center Policy Consortium, dijo que el principal problema es la falta de un marco regulatorio claro para orientar el desarrollo.
“Actualmente no existen umbrales. No existen parámetros. Simplemente no hay ningún marco regulatorio. Y esa es la gran brecha”, dijo.
Becerra ayudó a presentar una propuesta a inicios de 2025 para pausar temporalmente la emisión de permisos para nuevos centros de datos en Reno. La medida fue aprobada por la comisión de planificación, pero no avanzó en el Concejo Municipal.
El dijo que el resultado refleja cómo las prioridades económicas pueden imponerse sobre las preocupaciones de la comunidad mientras las ciudades compiten por atraer inversiones a gran escala.
“Ese retraso en responder y esa inacción dicen mucho sobre qué ha sido una prioridad y qué no lo ha sido, pero no hay mejor momento que ahora para cambiar de rumbo”, dijo Becerra.
Otros sostienen que los riesgos podrían estar siendo exagerados.
Brian Bonnefant, del Center for Regional Studies de UNR, dijo que la supervisión existente por parte de agencias estatales y grupos locales de planificación ya establece límites al desarrollo.
“Los tres centros de datos que tenemos actualmente en Reno y Sparks usan anualmente el equivalente al consumo de agua de 24 viviendas. Veinticuatro, nada más”, dijo.
Bonnefant señaló que el consumo de agua suele concentrar la preocupación pública, pero que la demanda energética representa una limitación mayor. También destacó que Nevada cuenta con ventajas como disponibilidad de terreno e infraestructura, especialmente en comparación con regiones más urbanizadas.
El añadió que los centros de datos pueden generar ingresos fiscales mientras requieren relativamente pocos servicios públicos.
Erik Henzl y Sean McKenna, del Desert Research Institute, han estado siguiendo el rápido crecimiento de los centros de datos en Nevada.
Sus investigaciones muestran que los sistemas de enfriamiento más nuevos pueden reducir el uso directo de agua.
“El agua se utiliza directamente en el sitio para enfriamiento, pero el uso indirecto de agua sigue siendo un desafío, y se trata del agua consumida fuera del sitio a través de la generación eléctrica”, dijo Henzl.
También señalaron la magnitud de la demanda energética asociada con estas instalaciones. A medida que más centros de datos entren en operación, esa demanda podría ejercer presión sobre la red eléctrica estatal, especialmente durante olas de calor o periodos de alto consumo.
McKenna dijo que esas presiones pueden aumentar cuando múltiples instalaciones se construyen en una misma zona, lo que añade presión sobre la infraestructura local.
La ubicación también se ha convertido en un punto central del debate. El proyecto Keystone, construido cerca de vecindarios residenciales, ha recibido críticas de algunos residentes.
Bonnefant dijo que el desarrollo podría alejarse de las zonas urbanas a medida que las comunidades muestran mayor resistencia, y destacó los terrenos abiertos de Nevada como una posible alternativa.
Para Becerra, la preocupación va más allá del lugar donde se construyen los proyectos. Dijo que el proceso en sí debe mejorar, especialmente en la forma en que se incorpora la opinión pública en la toma de decisiones.
“Decimos que escuchamos, pero no explicamos cómo eso nos ha influido o moldeado, si es que lo ha hecho, y necesitamos hacerlo mejor. De lo contrario, ahí es donde surge la frustración o el conflicto, y con razón”, dijo.
Mientras otros estados exploran restricciones o pausas a este tipo de proyectos, Nevada sigue intentando equilibrar los beneficios económicos con los impactos a largo plazo sobre su red eléctrica, el agua y las comunidades.